CRÓNICA: “SANDRA CARRASCO EN EL CICLO LA LIBRE FLAMENCO” 13/5/2018

 

Cantó bonito en la Libre Sandra Carrasco anoche. Tiene una voz laína, exquisita, tañida en otras músicas y otros horizontes como comprobamos en diciembre del año pasado en la magnífica Electra del Ballet Nacional de España. Cantó bonito y exquisito por alegrías, tangos y bulerías. Su amplio bagaje sabe de bossa nova y ha acompañado a la intérprete de laúd indio Anouchka Shankar, le permite ligar y decir el cante que adquiere un fraseo característico del jazz, sobre todo por bulerías y en los cantes libres por tarantas. No importa que su voz baje a ratos hasta convertirse en susurro ya que vuelve a surgir, alcanzando cuotas muy altas de plenitud. Esta ausencia de linealidad enriquece la interpretación de Sandra que se llena de matices expresivos. Porque ¿cómo se van a cantar igual la pena que te ahoga el pecho y el júbilo amoroso? No se trata de fusión sino de otras músicas que aportan y alimentan sin diluir la identidad propia que no deja de ser jonda. Sobre todo, cuando, además, Sandra sabe de fandangos antiguos, naturales y de Huelva dedicados a Pepe Briones presente en la sala y no se olvida de intérpretes como Marina la Sabica y Paco la Nora. No importa que la mayoría de los espectadores no sepan quienes fueron estos grandes fandangueros. Ella sí lo sabe. Contó en el acompañamiento con el sonido sordo, apagado pero atento del guitarrista Paco Cruz, conocido por su labor en Casa Patas o el Corral de la Morería. Aun estando cada uno en su sitio, sin batalla de egos, se palpaba la complicidad. Los dos artistas acaban de ser padres y la voz de la niña se coló de lleno en el recital, reclamando atención en plena granaína. No tiene mal gusto la pequeña al elegir su momento. Fue un ratito muy de verdad, en el que la madre para el cante y vacila, hermosa ante el quejío de su niña. Cosas que pasan como la vida misma, que fluye y llena los directos flamencos de la Libre.

Isabel Díez